



En el mundo empresarial, cuando los resultados no se alcanzan, muchas veces se culpa a la estrategia. Se ajustan planes, se contratan asesores, se rediseñan objetivos. Pero lo que pocas veces se reconoce es que el problema no siempre está en la estrategia, sino en el desalineamiento entre el pensamiento estratégico y la ejecución diaria.
