


Todos tenemos al menos una herida emocional originada en nuestra infancia. Quizá no las percibes a simple vista, pero están ahí: en tus miedos, en tus rabias, en tu tristeza, la forma que amas o te alejas, en la manera en que buscas aprobación o te exiges demasiado. Tus heridas hablan a través de ti, aunque muchas veces no seas consciente de ello. Esta es una invitación a mirarlas de frente y con amor.
